Uncategorized

Sobre la violencia terrorista

Quiero empezar previniéndoos de una falsa interpretación: no soy un horrendo izquierdista deseoso de acabar con lo poco que queda de este “sistema” ni quiero hacer en este artículo apología de la violencia revolucionaria. Únicamente quería señalar la aproximación terriblemente errónea desde la cual se nos explica y entendemos el fenómeno del terrorismo. Los hechos como los ocurridos ayer 7 de enero en París nos devuelven a la reflexión sobre uno de los problemas fundamentales sin los cuales ningún historiador podrá entender el siglo XXI.

Cuando vemos a todo el pueblo francés y europeo unido en repulsa contra estos horrendos actos, se nos queda la sensación de que de verdad, y muy muy en serio, nos creemos que el terrorismo es un desafío al Estado, a unos supuestos valores civilizatorios, a unos determinados derechos humanos, o a la civilización misma. No es raro: ciertamente se nos enseña el terrorismo como un desafío al Estado, por cierto, uno de los tres grandes desafíos. En mi carrera me explicaron que el Estado moderno estaba asediado por la 1) Globalización económica, 2) el retorno de la religión que amenazaba las todo laicas sociedades del bienestar europeas y el 3) terrorismo, como ataque directo al Estado y al bienestar.

Para explicar por qué creo que hay algo erróneo en este planteamiento, quisiera señalar antes qué opino sobre la violencia. Verdaderamente hay un elemento intrínseco de valentía en toda forma de violencia: es el momento en el cual un sujeto se pone por encima de otro y es capaz de señalar que es más fuerte y que en de alguna forma tiene un cierto poder sobre la vida del otro que el otro no posee. Incluso el Estado reconoce una forma realmente valiente de violencia: la defensa propia. Pues bien, ese sujeto violento puede ser una persona o un Estado, sin duda, pero no puede ser un terrorista, si tenemos en cuenta que la violencia debe medirse con respecto al objeto que se quiere cuestionar: un ladrón puede cuestionar violentamente mi derecho a la propiedad de mi móvil. ¡Y puede robarme! Es un valiente, porque yo jamás podría robarle nada a nadie, y menos por la fuerza. Entonces, en relación al objeto o forma que se pretende cuestionar, cualquier forma de violencia es indisociable a un elemento de valentía de quien la comete. Pero este elemento desaparece en el terrorismo. Es como sí, después de todo, esta forma de violencia llamada terrorismo fuera verdaderamente cobarde. Por pura ideología se nos enseña que el terrorismo es un desafío al Estado. Hay que decirlo claramente: ESO ES MENTIRA. El terrorismo es esencial, intrínsecamente cobarde, es la única forma cobarde de violencia. Si podemos decir que hay grados de valentía en cualquier forma de violencia, en el terrorismo está en su nivel más degenerado. Si el terrorismo fuera un desafío a los cimientos del Estado, si el Estado fuera su objeto cuestionable, ¿por qué no pone una bomba en la casa de George Bush o de los congresistas norteamericanos que llevaron a Estados Unidos a la guerra de Irak? De hecho, si os fijáis, en el mismo momento en que el terrorismo atacase al núcleo del poder, dejaría de ser terrorismo, porque dejaría de generar ese elemento de terror en la mayoría de la población, la eterna víctima (¿a qué persona puede aterrorizar una bomba puesta en casa de un criminal?). Si el terrorismo atacase el núcleo del poder opresivo, Estados Unidos tendría que haberse hundido tras los atentados del 11S, y muy al contrario, hoy es la incuestionable potencia militar del mundo, mucho más de lo que lo fuera en 2001. El terrorismo acaba elevando el poder del Estado a niveles nunca vistos (derecho penal del enemigo, leyes más restrictivas, militares por las calles).

Si el terrorismo es una reacción a un algo-que-aún-no-sabemos, es un puto fracaso. ¿O no será más bien que el poder lleva varias décadas aterrorizándonos con este fenómeno para distraernos, para desviar nuestra atención del hecho de que el verdadero cuestionamiento al Estado es la violencia revolucionaria, la violencia más valiente entre todas, la que de verdad iría contra el núcleo del poder que oprime siempre a los mismos? ¿Creeis que es casualidad que el terrorismo cobre importancia al hundirse utopía revolucionaria socialista?

Si nos adentramos en el escabroso terreno de la ética, diría que desde una ética kantiana, que está basada en la dignidad y los derechos humanos, el terrorismo ataca derechos segmentados del ser humano tales como la libertad de expresión y la vida, que no es poco. Pero este fenómeno, por ser tan novedoso, requiere de una ética más universalista, una ética que nos ayude a entender que lo que pasó ayer es un ataque directo a la humanidad, a esta capacidad que todos los seres humanos tenemos de, a través de nuestro intelecto, llegar a ciertas verdades que sirven para todos, y por tanto universales. Los sucesos de ayer son la auténtica maldad del derrumbe y la degradación del ser humano en su humanidad, con el agravante de que no van a lo fundamental, a cuestionar lo que bien podrían cuestionar; son la maldad hecha derrumbamiento no porque atacaran dos derechos fundamentales***, sino porque, a diferencia de las otras formas de violencia (que destruyen su objeto y van a lo esencial del mismo), lo que pasó ayer, siendo un acto perpetrado por dos sujetos que siguen una falsa verdad, que quieren imponerla matando y que no van a cuestionar con ello el poder opresor, nos están arrebatando al resto de la humanidad la capacidad de que lleguemos juntos a hallar las verdades universales, las que sirvan para todos, de que juntos podamos liberarnos de la opresión, de que juntos podamos luchar contra quienes de verdad nos están oprimiendo, algo que al parecer Charlie Hebdo hace magníficamente. En el terrorismo nos estamos matando entre hermanos.

Ahí lo dejo.

***la prensa hoy apenas parece recalcar uno, el que tiene que ver con ella; por cierto, dándose una antinomia en el hecho de que los medios de comunicación pueden encontrar muy buenos argumentos para defender la libertad de expresión como muy buenos argumentos para oprimirla, según les interese. Lo que debería llevarnos a reflexionar sobre si este enfoque de los derechos o libertades humanas no es muy interesado: los medios se valen de él para defender una cosa y la contraria, y al defender la contraria es casi siempre a favor de la “estabilidad institucional”, vamos, el statu quo. Pensad, pues, en cada uno de los derechos humanos: el poder mediático es capaz de encontrar buenos argumentos para la protección y defensa de la vida y buenos argumentos para su destrucción; y así, para el derecho al honor, al trabajo, al ocio, y a cada uno de los demás derechos, menos el de propiedad, claro.

Estándar